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La prehistoria
Segunda parte: “social por conveniencia”
En un giro del destino, el ser humano estableció dinámicas existenciales en sociedad para garantizar la supremacía de la especie. Siendo fiel a sus principios, solo se unía a los más fuertes y desataba guerras entre sus congéneres para garantizar el primer lugar como mensajero de la vida, pues no hay mejor manera de seguir siendo ganador que competir contra si mismo. Para los más jóvenes el escenario era más complicado. Todo había cambiado tan rápido que debían aprender en nanosegundos evolutivos las nuevas reglas de supervivencia. Entonces el gran ordenador central de la acción humana -cerebro-, demostró las ventajas de su capacidad para recrearse (simular escenarios irreales a partir de la realidad). Les dio una herramienta para inventar las más crueles batallas y poner a prueba todo su potencial en un escenario virtual, y así estar siempre preparados. Así nació el juego en su papel protagónico y su omisión significaría muerte y degradación de la especie.
Para preservar la vida es indispensable obtener el alimento y asociarse puede incrementar la posibilidad de conseguirlo. La cacería constituyó el primer empleo grupal, algo así como la primera multinacional del sector primario (antes de la agricultura claro). Era un trabajo muy divertido, cada día era diferente y el riesgo latente ponía su cuota de emoción. No creo que en esta empresa se considerarán los horarios estrictos, es decir, marcar tarjeta no era lo importante, lo importante era satisfacer las necesidades básicas para preservar la vida y para ello había tiempo de sobra. Tampoco creo que se registraran casos de estrés laboral o se necesitara motivación, cortesía del área de talento humano. Y creo menos que se necesitaran las vacaciones remuneradas pues las labores donde la vida está en juego son muy divertidas ¡vaya si implican jugar en serio!
Con el paso del tiempo las dinámicas sociales del ser humano terminaron desencadenando una situación lamentable para la especie. Como todo sucedió tan de repente, los nuevos seres nacían y crecían en clanes ya establecidos, con normas inexplicables para ellos y con vicios de la inteligencia. Las Mentiras permitían a seres humanos inferiores (ni los más fuertes, ni los más astutos, ni los más creativos, etc.) disfrutar de poder y autoridad.
Es en este momento donde, paradójicamente, se crearon las bases de lo que conocemos como Civilización. Para sobrevivir debemos trabajar bajo el mando de un sistema superior y en labores muy diferentes a lo que nuestro instinto relaciona con el alimento, como hacer ladrillos de barro. Como decirle a nuestros instintos que soporten una labor tan aburrida como esta durante toda la vida. Nuestro interior clama por la emoción de la caza, por la incertidumbre de cada jornada donde todo parecía nuevo e interesante, así constituyera la misma tarea –Quizás por ello los deportes nos apasionan-.
Quienes han gobernado la maquinaria donde desarrollamos nuestras labores (luego de la esclavitud, por supuesto) saben que la mejor manera de mantener a la humanidad sin cuestionarse por su aburrimiento existencial, es crear un sistema de “premios” graneados llamado tiempo libre. En compensación a lo que ellos denominan “ganarse la vida” o “labores serias”. Tal vez no estemos ganándonos la vida, sino entregándola para que otros la disfruten y esto si se puede denominar: algo muy serio.
En este momento surgió la incertidumbre universal. Se olvidó el papel del ser como mensajero de la vida y se violaron todos los principios de la especie privilegiada: Libertad de movimiento, Libre elección, Siempre el mejor, Curiosidad y creatividad. La necesidad del hombre de crear dioses y religiones para dar sentido a su vida, se hizo presente y aparecieron normas y reglamentos rígidos e infalibles que, sólo ahora, están en tela de juicio
En la actualidad el ser humano nace equipado con aquellas maravillosas adaptaciones logradas durante millones de años (necesidad de jugar, creatividad, necesidad de movimiento, cuestionamiento a lo establecido, etc.), pero al crecer no puede entender porque se le cohíbe, se le estorba, se le impide, se le castra la creatividad y se le dice todo lo que debe hacer… el verdadero ser humano se manifiesta en todas sus acciones, pero por apreciaciones sociales de orden moral, religioso, y normativo, termina tan confundido como el más simple y perfecto desconocido
La prehistoria
Primera parte: “La creación”
En un terreno hostil, vasto, pero insignificante entre miles de billones de galaxias, en medio de la nada, puntea el planeta tierra. Todo jugó a favor de la gran creación: un astro rey se posó en el lugar preciso; ni tan lejos, ni tan cerca, y una gran conjunción de materia química y orgánica, expulsada desde las entrañas del planeta elegido, danzó durante millones de años hasta estar todo a punto.
Gracias a una primera “chispa”, de la cual no se sabe ni se comprende nada, la vida inició su competencia en este celestial escenario dispuesto. La meta: sobrevivir más allá del empaque donde se transporta ese flujo de energía conocido como vida. Así pues, la muerte no importa, importa la trascendencia de la vida, sin importar el tipo de ser viviente que deba cumplir tan ignota tarea. ¿Por qué? se desconoce, pero la competencia no ha terminado.
En un determinado momento y luego de millones de años de transformación y acondicionamiento de recipientes de vida -seres-, para conquistar y dominar el escenario de esta justa universal, protegiendo su legado –la vida-, un competidor tomó la delantera. Sus facultades eran las más adecuadas, pues disponía de fuerza, velocidad, agilidad, valentía y decisión, y además comprendía algo importante: debía orientar con acierto todas sus capacidades para lograr el cometido. Así es. Nace orgulloso el ser humano.
Pronto estableció su dinámica existencial. Sería siempre libre y lucharía a muerte por proteger la vida. Su cerebro, ordenador inteligente, le permitió establecer los principios para mantener y preservar su condición de ganador indiscutible en esta competencia cósmica:
§ Libertad de movimiento: Para explorar sus posibilidades, para transformar y trascender desde sus conquistas, para apropiarse del lugar y dominar mayores terrenos.
§ Curiosidad y creatividad: Para estar siempre preparado ante cualquier situación inesperada, para descubrir nuevas herramientas y opciones y estar siempre a la vanguardia.
§ Libre elección: para garantizar la diversidad de la especie y apreciar las mejores opciones.
§ Siempre el mejor: Pues quien no lo sea (más fuerte, más inteligente, más bello, etc.), retrasa la conquista de sus ancestros durante millones de años.
La vida y la libertad constituyen la “dulcinea”* que nos mueve a deshacer todos los entuertos y a luchar como caballeros andantes a lo largo de la historia. Sobrevivir es una tarea Quijotesca e ignota. Aunque esta última característica es curiosa: ¿Para que perpetuar la especie? ¿Hasta donde llegaremos? ¿Qué nos espera al final? Yo no lo sé, pero creo en la naturaleza y –con un ojo cerrado- confió en su dinámica, pues mantiene un equilibrio admirable, alterado sólo por el hombre.
En esta etapa, el tiempo no parecía tener límites claros. Si el ser humano podía conseguir alimento y defender su vida no había más conceptos para inventar. Disponía del tiempo que quisiera. Tal vez aun no era consciente de lo que hoy conocemos como “tiempo”.
Autor: ALEJANDRO VASQUEZ
Exordio de bardo
“Toda representación del arte a veces me parece
una excusa por no saber vivir mi vida,
pero totalmente imprescindible para
soportarla”
Quizá una mente cuadriculada en la monotonía de la realidad esté condicionada también a percibir sólo lo posible. Cuando los hechos ocurren una y otra vez, la monotonía nos condena a naufragar en el tedio. Pero en medio de la rutina se encuentra el arte como una luz en el abismo; una red que ha de reducir el golpe en esa caída.
Y acaso ¿Qué querrá el arte si no es la sublimación de todos los hechos para complacencia en nuestros sentidos, por no decir de cada una de las acciones de nuestras vidas? De no ser así, el “hacer por hacer” fortalece esa rutina convirtiendo la vida en un muro difícil de escalar. Si a cada acto de la vida se le sumara una innovación (cosa que casi nunca sucede) producto de la imaginación e inteligencia del autor, el tedio no sería una constante, el arte sería una herramienta, una actitud de vida para hacer mas llevadera nuestra existencia. Hablo del arte como una herramienta tangible y no como algo de orden superior porque el arte no posee su esencia en un contexto metafísico, pues de otro modo no estaría a nuestro alcance y su definición quedaría reducida al concepto nietzscheano de la metafísica que afirma que ésta es tan útil al hombre como al capitán de un barco conocer la composición química del agua mientras su nave sucumbe a la tormenta.
Pero ¿Cómo sería la expresión del arte si prescinde de los sentidos? La manera como el hombre vive el arte debe dar explicación sobre su esencia y ¿Cuál sería ésta si no es por medio de los sentidos? “La vivencia es la norma decisiva para el goce del arte como de la creación artística” afirmaba Heidegger. El arte se hace tan necesario que la vida debe beber en su fuente, pero, lástima, está delante nuestro y no levantamos los ojos para verle.
Autor: JOSE WILMAR TAMAYO